Ensayo sobre la ceguera de un Vaticano lleno de odio y sin capacidad de perdón

24.06.2010 11:54

 

Aunque tengo bastante claro que todos moriremos algún día, reconozco que, muy a pesar de su avanzada edad y de la grave enfermedad que desde hace tiempo sufría, me cogió totalmente desprevenido la muerte de José Saramago. No así como a Claudio Toscani, un individuo que, apenas unas horas después del fallecimiento del insigne Premio Nobel de Literatura, publicó en L'Osservatore Romano una venenosa necrológica dedicada al escritor y que ignoro cómo pudo tener tiempo a escribir a no ser que la tuviera redactada de antemano o fuera "su" mismo Dios en persona quien se dictara al oído apenas hubiera muerto el literato, algo nada descartable habida cuenta del rebuscadísimo y barroco estilo literario de su artículo, digna muestra de tiempos pretéritos que solo es posible abordar con un buen diccionario a mano.

Citemos alguno de sus párrafos:

"Fue un hombre y un intelectual de ninguna admisión metafísica, hasta el final anclado en una proterva confianza en el materialismo histórico, alias marxismo"

"Colocado lúcidamente en la parte de la cizaña en el evangélico campo de grano, se declaraba insomne por el solo pensamiento de las cruzadas o de la Inquisición, olvidando el recuerdo del 'gulag', de las purgas, de los genocidios, de los 'samizdat' culturales y religiosos"



En su escrito, Toscani define a Saramago como un "populista extremista antirreligioso, anclado al marxismo", y probablemente sea cierta tal aseveración (dejo constancia de que no es mi deseo analizar el “fondo” de la necrológica sino mas bien su “forma” y la “oportunidad” de su publicación) desde el momento en que el anciano literato siempre fue crítico con el catolicismo en particular y el cristianismo en general. Sin embargo, habría que cuestionarse si un articulo necrológico es o no el lugar más adecuado para censurar y atacar a alguien que ya no puede defenderse. Según el diccionario de la RAE, una necrológica es "una noticia comentada acerca de una persona fallecida hace poco tiempo", definición a la que el uso habitual le confiere por lo general un tono laudatorio o cuanto menos una aséptica y respetuosa neutralidad o, en cualquier caso, nunca un tinte beligerante ni mucho menos vejatorio.

Sin embargo, resulta llamativo que la rotativa que se erige como portavoz oficial del minúsculo estado del Vaticano, haya atacado con tanto odio y sin piedad a un muerto reciente descartando de pleno la posibilidad de que Saramago se hubiera “arrepentido” de sus pecados -contra Dios y contra el cristianismo- en los últimos segundos de su vida, algo que, aunque sea harto improbable, tendría que haber contemplado como posible y hasta "deseable" el señor Toscani en base a ese espíritu de perdón y condescendencia que sin duda le es inherente por su condición de católico y hombre de Dios.

¿Dónde deja Toscani aparcada la benevolencia de ese Dios, siempre misericordioso y dispuesto a acoger en su seno hasta a los más pecadores en base a su sincero arrepentimiento?

¿Dónde queda el respeto, y donde la educación y donde el perdón implícito en el mandamiento de amar al prójimo como a si mismo?

¿Por qué Claudio Toscani no trata a Saramago con esa misma condescendencia que la iglesia Catolicá aplicó a dictadores como Franco o Pinochet, católicos piadosos aunque incumplidores sistemáticos del quinto mandamiento?

¿Sabe alguien si L'Osservatore Romano ha publicado alguna vez un panegírico tan repleto de rencor y virulencia condenatoria contra un fallecido y más cuando su cuerpo aun está caliente?

¿Dónde queda la caridad cristiana? ¿Dónde el respeto a los muertos? ¿Dónde el perdón de los pecados y el reconocimiento de la vida eterna a todos aquellos que su Dios decide acoger en su seno?

Saramago estaba convencido de que no iría al cielo porque no creía que existiera, como tampoco creía en Dios. Pero ningún buen católico debería dar por supuesto que un ser “creado” por "su" Dios va a arder eternamente en el infierno porque afirmar algo así sin saber si hubo o no arrepentimiento y perdón es pecar de arrogancia al querer estar en el conocimiento de algo que solo Él puede saber.
 

Desde aquí insto a todos los hipócritas “toscanis” que día tras día nos machacan con opiniones gratuitas que nunca les hemos pedido, vertidas desde la ceguera ideológica que ningún ensayo podría abordar sin llevar al lector al límite del desquicio, a que se callen de una vez por todas y se dediquen a sus sotanas, sus intrigas, sus púrpuras, y sus riqueza y oropeles y nos dejen tranquilos a quienes no queremos conocer su opinión acerca de Saramago, del aborto, del divorcio, de la vida eterna y de un Dios que sin duda desprecia a los hipócritas fundamentalistas como ellos. 

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