Obama se interesa en la biología sintética

Obama se interesa en la biología sintética

La biología sintética parece ser uno de los nuevos intereses de la administración Obama. Después de que se diera a conocer la elaboración de la primera célula sintética, el presidente de Estados Unidos convocó a un panel de expertos para explicar en una audiencia frente al Congreso los alcances de estos avances científicos. La exposición vino pocos días después de que Obama solicitara un estudio bioético de seis meses sobre las implicaciones en materia de salud, seguridad y riesgo de esta nueva disciplina.

La principal preocupación sobre la biología sintética es el potencial que tiene para crear microorganismo que pudieran producir efectivamente hidrocarbonos, lo que significaría una alternativa más al uso de combustibles fósiles. Henry Waxman, jefe del Comité de Energía y Comercio de la Casa Blanca, aseguró que la investigación debe enfocarse en “desarrollar microbios (sic) que puedan producir petróleo, dotándonnos de un combustible renovable.” Waxman también mencionó que es importante el desarrollo de organismos que devoren petróleo, en relación con el derrame reciente en el Golfo de México.

El panel de expertos — con el mismísimo Craig Venter a la cabeza, desarrollador del primer organismo sintético — expuso sus puntos ante un comité poco preparado en el tema. Más que un debate sobre las implicaciones de la biología sintética, la audiencia fungió como una especie de presentación del trabajo de varias empresas que apuestan por la biología sintética. Después de todo, casi todos los científicos de panel (Venter incluído) son financiados por la iniciativa privada.

 

Resulta interesante ver cómo la administración Obama se mueve inmediatamente hacia un enfoque pragmático de cómo puede aplicarse esta naciente disciplica. La biología sintética apenas ha dado su primer fruto, y queda lejos de ser un resultado perfecto. Está claro que la creación de organismos sintéticos es una cuestión que debe someterse a debate y escrutinio público, sobre todo en un país acostumbrado a ser la punta de lanza en el ámbito científico (¡y más si los sagrados impuestos se van hacia los laboratorios!).

Eso sí, me pregunto cuál será la respuesta del grueso de la población, en una nación capaz de los mayores hitos científicos, pero cuyo pueblo ha sido capaz de frenar las investigaciones con células madres por mero fanatismo (veto que, por cierto, Obama prometió revertir). Veamos hasta dónde llega la biología sintética antes de que salten las antorchas. 

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